Recuerdo de Dios (Dhikr)

Los maestros Sufis enfatizan el dhikr (recuerdo de Dios), ya que fundamenta la creencia, el conocimiento y la fe del buscador al enfocar su atención en Dios. Uno de los mandamientos fundamentales de Dios es hacer dhikr tan a menudo como sea posible hasta que se establezca una conciencia continua de la Presencia Divina. Dios le reveló al Profeta Moisés: “En verdad, Yo, sólo Yo, soy Dios; no hay deidad salvo Yo, por lo tanto, adórenme solo y sean constantes en la oración para recordarme” (Corán 20:14). Este mandato de dhikr se ha extendido a todas las generaciones, aunque las formas de dhikr han variado con el tiempo y el lugar.

Los Compañeros (RA) del Profeta Muhammad no realizaron el dhikr como una técnica formal, porque una mirada del Profeta (PBUH) podría elevar la conciencia de una persona. Cuando se recopilaron las enseñanzas islámicas después de la muerte del Profeta, las personas que buscaban un estado de recuerdo similar al alcanzado por sus compañeros encontraron en el dhikr un medio fundamental. Designaron al dhikr como una práctica fundamental del Sufismo y se propusieron identificar las formas más efectivas de realizarlo.

Dhikr puede recitarse Jalli (en voz alta) o Khafi (silenciosamente en el corazón). Algunas órdenes enfatizan el primero, mientras que otras enfatizan el segundo. Ambos tipos de dhikr ofrecen los mismos beneficios. Se diferencian solo en la técnica. Ambas formas también encuentran justificación en la guía dada por el Profeta Muhammad. Algunas órdenes hacen dhikr estando de pie, otras sentadas en una determinada postura y otras mientras se mueven. Los shaykhs introdujeron estas variaciones para intensificar el dhikr.

A través del dhikr, los maestros Sufis capacitan a los estudiantes para purificar sus corazones y almas. El papel del shaykh es guiar a los buscadores al recuerdo original; para permitirles volverse continuamente y espontáneamente conscientes de la Presencia Divina en los aspectos físicos, mentales y emocionales de la vida, en los reinos externos e internos.

Recordar a Dios a lo largo de la vida diaria es mucho más valioso que hacer una demostración periódica de recuerdo. Dhikr no es una ceremonia. Es el objeto mismo de la vida. La persona que recuerda a Dios encuentra la felicidad; el que olvida sólo encuentra desolación. El olvido es la fuerza petrificante que convierte un árbol en piedra. En contraste, a través del dhikr, el aspirante logra la misericordia de Dios y los ángeles, la pureza de espíritu y el adorno del alma. El progreso se vuelve fácil y el buscador se acerca al Todopoderoso, porque Dios ha dicho: Acuérdate de mí y yo te recordaré. (Corán 2: 152).

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