Realizaciones en el Camino

Las investigaciones de quienes recorren el camino Sufi son prácticas y personales, no teóricas, y las realizaciones resultantes son difíciles de transmitir con palabras.

Entre las primeras realizaciones de los estudiantes está la conciencia de una dimensión trascendental. Al vislumbrar aspectos del universo que son inaccesibles al intelecto, reciben una muestra de algo más allá de los fenómenos materiales. Una nueva visión de la realidad comienza a influir en sus vidas y pensamientos.

A medida que los estudiantes despiertan el corazón y otros lata’if (centros sutiles de conciencia), su comprensión de sí mismos se profundiza. La mente racional se expande y los buscadores adquieren la iluminación necesaria para tener la posibilidad de ver todos los aspectos de la existencia en la perspectiva adecuada.

Los estudiantes que continúen haciendo las prácticas con diligencia pueden obtener experiencia personal de las siguientes afirmaciones:

  • El mundo fenoménico de la materia y la conciencia individual es solo una realidad parcial.
  • El ser humano tiene un yo distinto del yo empírico: el yo eterno.
  • Uno puede tener una experiencia directa de lo Divino a través de un interior cuidadosamente nutrido que es superior a la razón y al intelecto por si solos.
  • Al seguir fielmente una disciplina con un guía autorizado, uno puede identificar al propio yo limitado con el verdadero yo.

Más allá de cierto punto, las realizaciones se vuelven inseparables de la forma de ser de una persona. A los estudiantes les queda claro que los seres humanos no son simplemente esclavos del instinto, sino que tienen el impulso de expresar valores más elevados y una voluntad capaz de controlar sus acciones. A medida que los estudiantes comienzan a ver la Presencia Divina en todo, se vuelven más capaces de captar el significado de la vida humana, tanto de su vida personal como del destino colectivo de la humanidad. Los puntos de vista estrechos y centrados en el ego dan paso a una perspectiva más amplia, animando a los estudiantes a hacer de cada pensamiento, palabra y acto una forma de ‘ibddah (adoración) y khidmah (servicio). Se acercan a un estado de deseo consciente del bien, incluso en situaciones que no implican ninguna ventaja personal o presión externa.

Sabiendo con certeza que todo está gobernado por la voluntad de Dios, los buscadores aprenden a depender de Dios, a ser pacientes y aceptar. A través de las prácticas también pueden recibir la confirmación de que hay vida después de la muerte. Al reconocer que este mundo es una preparación para el próximo, se sienten más inspirados a adoptar un estilo de vida más piadoso y virtuoso.

El Sufismo es un viaje de lo interno a lo externo. Al darse cuenta del yo, el buscador se da cuenta de Dios. Al darse cuenta de Dios, el buscador se vuelve desapegado. Paso a paso, su antiguo ser se transforma, hasta que por la gracia de Dios puede alcanzar fana’ y baqa’: la experiencia de la unidad, de ser aniquilado o consumido en lo Divino, de habitar en y con el Todopoderoso.

La experiencia de la unidad no es la realización final del viaje Sufi. Aquellos que alcanzan esta etapa regresan de ella para ayudar a sus semejantes. Están con Dios y en este mundo simultáneamente, traduciendo la cercanía que sienten al Creador en servicio a la creación. Se mantienen en sintonía, listos para cumplir con los deberes y responsabilidades que Dios presenta en la vida cotidiana. El mundo es como un taller dirigido por Dios, y el Sufi en la etapa más alta de realización es un trabajador que se esfuerza por cumplir su papel de la mejor manera posible, confiando siempre en la misericordia y las bendiciones de Dios.

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