El Sufismo y el Futuro de la Humanidad

Para abordar la dirección en la que se dirige la humanidad, debemos considerar cómo llegamos a donde estamos. Históricamente, cada nación tenía algún concepto de un poder o poderes superiores a los que las personas podían acudir en busca de ayuda en medio de las pruebas de la vida. Los modos a través de los cuales las sociedades expresaron su relación con lo Divino se formalizaron en instituciones y rituales religiosos. A menudo, las estructuras religiosas llegaron a formar el núcleo mismo de la comunidad.

La revolución científica alteró las actitudes hacia la religión. Los nuevos modos de pensamiento llevaron a muchos individuos a concluir que no existía un poder superior, pues la existencia de tal no podía probarse racionalmente. Mientras que anteriormente los miembros de una sociedad compartían una relación comunitaria con lo Divino, gradualmente la fe llegó a ser vista como una cuestión de elección personal. Las sociedades se fragmentaron entre devotos y escépticos, fieles y ateos. Surgieron culturas que podrían llamarse sin Dios, no porque carecieran de individuos religiosos, sino porque su enfoque central y unificador se había convertido en progreso material en lugar de bienestar espiritual.

Los descubrimientos e invenciones científicas aumentaron el conocimiento humano del universo. Pero en lugar de estar agradecidos y humillados por los dones de las capacidades recién descubiertas, los seres humanos las explotaron con fines egoístas. En consecuencia, sus vidas quedaron desprovistas de paz y tranquilidad. El materialismo se sumó a los problemas no resueltos de la humanidad al engendrar dolencias políticas y ambientales. Florecieron la codicia y el cinismo. Los conflictos se profundizaron entre intereses y clases y entre el planeta y sus habitantes, colocando a nuestra especie en un camino hacia la autodestrucción.

La humanidad era como una niña inquieta e inquisitiva que, al encontrarse sin supervisión en una fábrica enorme y magnífica, pone la maquinaria en movimiento, solo para quedarse atrás, desconcertada e indefensa, mientras corre más allá de su control. Como el niño dividido entre la emoción y el terror frente al poder de la maquinaria, los seres humanos se sintieron más cómodos y menos seguros a la vez con sus tecnologías.

El error fundamental de esta era fue centrarse casi exclusivamente en la realidad externa y descuidar el mundo oculto dentro del corazón humano. Al creer que las únicas fuentes válidas de conocimiento eran la percepción sensorial y la razón, los individuos no lograron trascender estos modos de conocimiento. Otras dimensiones del potencial quedaron sin explotar. Equipados con una comprensión imperfecta y unidimensional del universo, los seres humanos no pudieron encontrar soluciones a sus dolencias.

En la segunda mitad del siglo XX, más y más personas se dieron cuenta de que la ciencia y la tecnología, a pesar de todos sus beneficios, no podían remediar los males humanos. Gradualmente, las sociedades fueron despertando a la necesidad de restablecer su relación con lo Divino.

La ciencia ayudó a crear los dilemas que ahora enfrenta la humanidad, y la ciencia puede ayudarnos a encontrar una salida. Si concebimos el enfoque científico y los métodos experimentales con una perspectiva más amplia, podemos utilizarlos para forjar un camino que libere a la humanidad de su sufrimiento y la impulse a un estado de paz y equilibrio.

El remedio para nuestros males globales debe buscarse en la propia naturaleza humana. El estudio de la realidad externa por sí solo no puede producir el conocimiento completo que se necesita para realizar los potenciales más elevados de la humanidad. Igualmente importante es la exploración del mundo interior del ser humano. Solo combinando ambos campos de estudio podemos familiarizarnos con el verdadero destino de la humanidad y los medios para alcanzarlo.

Los credos de las religiones y las tradiciones espirituales siempre han apuntado a esta verdad fundamental. Cada uno en su propia era ha presentado una visión del mundo y pautas prácticas a través de las cuales la humanidad podría aprovechar al máximo sus potenciales dados por Dios. Estas enseñanzas continúan siendo fuentes de sabiduría. Pero no debemos permitir que sus interpretaciones se vuelvan estáticas o fijas, porque los tiempos y las circunstancias cambian continuamente. Estas enseñanzas funcionaron en sus eras porque coincidían con las necesidades de sus eras. Para trabajar en la era de nuestros niños, deberán satisfacer las necesidades de nuestros niños.

Nuestra orden combina estudios internos y externos, preocupaciones personales y globales, sabiduría pasada y consideraciones futuras. Sus enseñanzas reflejan la convicción de que así como los átomos tienen una energía ilimitada escondida dentro de ellos, la forma más evolucionada de materia, -el cuerpo humano-  es un depósito de potencialidades. El estudiante en el camino Sufi busca este tesoro, siguiendo un enfoque científico refinado y un método experimental. Él o ella se esfuerza por comprender la naturaleza esencial del ser humano, el universo y la relación de la humanidad con el universo de formas que sean relevantes para hoy y mañana.

Estos descubrimientos nos ayudarán a encontrar soluciones a los problemas individuales y colectivos de los seres humanos. Si bien los descubrimientos materiales deben seguir utilizándose al servicio de la humanidad, el Sufismo tiene como objetivo descubrir las capacidades dentro del ser humano y utilizarlas en beneficio de toda la creación.

El poder oculto del yo que los Sufis buscan utilizar es el amor. Es el amor lo que libera a los seres humanos de los lazos de estrechez de mente, materialismo y egoísmo. Es el amor que encuentra expresión en la tolerancia, la simpatía, la benevolencia y el autosacrificio. El amor motiva, inspira, desafía y satisface.

Sólo Dios sabe lo que depara el futuro. Pero a medida que la humanidad evoluciona de generación en generación, la comprensión de uno mismo y de Dios seguirá siendo nuestra mejor esperanza para sintonizar nuestras actitudes y comportamiento con las necesidades de nuestra especie, de nuestro planeta y del universo en su conjunto. Este conocimiento por sí solo nos permitirá comprender plenamente la interrelación de la existencia humana, el universo creado y el Creador. A través de este conocimiento, si Dios quiere, nuestros hijos pueden producir un credo de hermandad y hermandad universal, y los hijos de nuestros hijos pueden vivir para ver el día en que toda la humanidad prospere gracias a los dones de amor ilimitado de Dios.

Total
0
Shares
Previous Article

Antecedentes

Next Article

Asuntos Globales y el Sufismo